Canción de Amergin




Canción de Amergin (Song of Amergin) es un antiguo poema irlandés atribuido a Amergin Mac Míled, druida de la raza de los milesianos en los mitos celtas; y posteriormente traducido al inglés moderno por el poeta y erudito Robert Graves (1895-1985) en el libro de 1948: La diosa blanca (The White Goddess).

La poesía es hija de la plegaria, del rito, del canto inmemorial; y la verdadera poesía, aquella que vibra con la misma tensión del mito, huye de la gloria personal del poeta. Según los mitos celtas, la Diosa Blanca es algo así como una fuerza que atraviesa al poeta y lo estimula a gestar impresiones que tienden hacia el mundo: el viento que silba entre las piedras, el ladrido de un perro en la noche, el sonido de unos pasos fugitivos.

Para descifrar la Canción de Amergin se necesita cierta intimidad con la Diosa Blanca, cierta frecuentación con sus formas y estilos. Afortunadamente, incluso los hijos más enturbiados por el mundo material pueden reconocerla y estremecerse de pies a cabeza cuando su silueta ancestral transforma la simple experiencia de lo bello en algo imperecedero.


Soy un ciervo: de siete astas,
soy una creciente: a través del llano,
soy un viento: en un lago profundo,
soy una lágrima: que el Sol deja caer,
soy un gavilán: sobre el acantilado,
soy una espina: bajo la uña,
soy un prodigio: entre flores,
soy un mago: ¿quién sino yo
inflama la cabeza fría con humo?


Soy una lanza: que anhela la sangre,
soy un salmón: en un estanque,
soy un señuelo: del paraíso,
soy una colina: por donde andan los poetas,
soy un jabalí: despiadado y rojo,
soy un quebrantador: que amenaza la ruina,
soy una marea: que arrastra a la muerte,
soy un infante: ¿quién sino yo
atisba desde el arco no labrado del dolmen?


Soy la matriz: de todos los bosques,
soy la fogata: de todas las colinas,
soy la reina: de todas las colmenas,
soy el escudo: de todas las cabezas,
soy la tumba: de todas las esperanzas.

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