Deseo



"Incluso antes de respirar, los hombres desearon. Pero ¿que es el deseo? No hay nada frente a los ojos, detrás de los ojos algo que arde: una imagen, unas pocas palabras que se repiten, obsesivamente, o una sola. El mundo es un desierto; ¿cómo hacer para que aquello que está detrás de los ojos se convierta en algo que esta adelante? Existía la acción. El acto que modifica. ¿Pero la acción, el acto, pertenece a quien lo realiza? Si es así, realizarla una vez significaba realizarla siempre. Si no pertenecen, toda acción que pretenda evocar al objeto será aleatoria. El objeto puede aparecer, como el animal que uno puede encontrar en un bosque. Esto es exactamente lo que sucede. Surge entonces la sospecha de que los actos no pertenecen a quien los realiza. En ese caso, ¿qué es lo que pertenece a quien actúa? Dónde comienza el acto, dónde se acaba lo que pertenece a quien actúa? Existía el riesgo de que todo se desintegrara, de que incluso la mente deseante dudara de pertenecer a sí misma: ¿acaso el mismo deseo no se parece a un acto?  ¿no es el deseo algo que aparece y tiene una forma, un impulso propio, un movimiento? Entonces, sí había una semejanza, quizás de uno se podía pasar a otro, y de éste, nuevamente a través de la semejanza, al objeto deseado. ¿Cuál era el carácter del objeto deseado? Un lugar, un ser, un estado, una sustancia: algo singular, inconfundible. algo irreversible. Algo que cuando aparece, debe pertenecer de una vez y para siempre a aquello que es. Pero, ¿dónde encontrar un acto que posea estas características? Quien beba agua repetirá siempre el mismo acto al beber agua. El acto no tiene nada de irremplazable o irreversible. Se puede repetir cada vez que se encuentre agua corriente. A menos que exista una diferencia radical entre esa agua en particular y otra cualquiera. Pero nadie fue tan lejos. Nos preguntábamos, más bien, que acto podía tener un carácter único e irreversible, y vinculado con algo que hiciera su aparición. Fue quizás esto, que es lo más importante, lo que sugirió la vía a seguir. No era posible hacer que algo apareciera. ¿Pero hacer que desapareciera? Existe también esta semejanza por contraste. Así fue como nos hicimos esta pregunta, que parecía un acertijo: ¿Cuál es el acto único, irreversible, que al mismo tiempo evoca lo que es único e irreversible? Un día alguien encontró la respuesta: hacer desaparecer. Pero debíamos reconocer que hacer desaparecer entre los hombres es otra manera de "matar". Quizás por eso un leve halo de tristeza rodea a todo deseo cumplido.
En la región informe, indefinida y vana de los actos habíamos encontrado uno, uno solo, aquel que correspondía por sus características al objeto del deseo. Depositamos entonces nuestra serena confianza en esto: que aquel objeto que pudiese ser el último eslabón de la cadena de ese acto determinado. El eslabón en el que, a lo que había desaparecido, responda en otro punto de la cadena algo que surge: el fruto. Eso era el sacrificio. Al principio, entre nosotros, lo llamamos la rueda de los deseos. Esa rueda es también el dolor del que el deseo no puede deshacerse."

Roberto calasso, Ka.

No hay comentarios:

Publicar un comentario