El ensueño

 
 
El mundo mortal tiene poco espacio para los sueños. Los humanos existen en una realidad que pueden explicar de forma racional pero que no pueden entender. Todas las “grandes” instituciones conspiran para decirles que los buenos mueren jóvenes, los valientes vuelven a casa en ataúd y sólo los financieramente fuertes sobreviven. Los sueños —tal y como son— vienen en paquetes esterilizados y pre-programados: "el sueño corporativo", "el sueño de la jet-set", "el sueño del retiro" y "el sueño virtual". Para la mayoría de la gente, los sueños son un lujo que no pueden permitirse. Los jóvenes no tienen nada qué buscar salvo el paro o, si tienen suerte, trabajos sin sentido con sueldos nimios. Cuando una carrera militar parece atractiva, las cosas son aburridas, de hecho. La desaprobación de los mayores y una sociedad que les da la espalda. Incluso aquellos que los han hecho ejecutivos, estrellas del rock, señores de las drogas, políticos se encuentran rodeados de cursilería y mundanidad. Las elevadas aspiraciones que una vez impulsaron los logros y la creatividad humana han degenerado en las expectativas comunes más bajas.
 
La luz en la oscuridad
 
Las hadas irradian esperanza en un mundo triste. Encarnaciones de la creatividad y el poder de soñar, estos retazos de los duendes protegen y alimentan los fragmentos desvanecientes de maravilla e imaginación que aún perduran. Sin ellos, la realidad se hundiría víctima de la Banalidad: cualquier cosa que no se pueda ver o tocar o experimentar por sentidos físicos no existiría más. Hace mucho, las hadas servían como musas a la humanidad, inspirando a los artistas y músicos, artesanos y filósofos, profetas y líderes para que expandieran los límites de sus mentes y corazones para englobar nuevos pensamientos y obras hermosas. Ahora, los duendes cumplen un propósito aún más importante. En una era en la que la ciencia amenaza la magia, reduciéndola a una serie de reacciones psicoquímicas o progresiones mecánicas de causas y efectos, las hadas proclaman la realidad de lo inexplicable inclinan la balanza de los sentidos, sacuden los límites de la mente y desafían las leyes naturales que consignan a las criaturas del mundo a una forma fija. Las hadas anuncian al mundo humano que los sueños existen. Como sugiere su nombre de changeling, representan la esencia de la mutabilidad. La realidad no tiene que quedarse estancada o conformarse con las reglas. Los hijos del Ensueño, con su mera existencia, rompen las reglas y alteran las convenciones de la vida cotidiana. Sus vidas testifican el hecho de que lo que es no tiene porque ser así. Sin embargo, las hadas deben moverse cuidadosamente, pues el peligro las acecha por todas partes. Existen poderosas fuerzas que se oponen a cualquier cambio en el estatus quo. Los sueños son subversivos, puesto que contradicen el mundo tal y como lo conocemos. Los duendes, incluso los más tradicionales, son revolucionarios y rebeldes, socavando el rígido determinismo de la vida moderna. Permiten a los humanos disfrutar de los escasos momentos en los que parece posible curar los males del mundo salvar las selvas tropicales, alimentar a los hambrientos, encontrar casas para todos y traer la luz de la imaginación a los rincones sombríos del reino mundano.
 
Banalidad
 
La incredulidad amenaza la propia existencia de las hadas. La cortina de duda y racionalidad que los humanos alzaron siglos atrás para explicar sus miedos no sólo separa el mundo mortal del Ensueño, también erosiona la chispa de creatividad que alimenta la esperanza y la imaginación. Los duendes llaman a esta negación universal del espíritu creativo Banalidad, porque busca reducir lo maravilloso a mundano, lo milagroso a ordinario, y lo inexplicable a imposible. Muchos ancianos de la Estirpe se refieren a esta fuerza destructora de incredulidad y cinismo como la "Noche Sin Fin" o "el Largo Invierno", porque epitomiza la oscuridad, la tristeza y el frío despiadado. Es la muerte del espíritu.
La Banalidad nubla las mentes de los mortales ante las maravillas del mundo y les ciega a las posibilidades de mejorar sus sombrías vidas. La Banalidad impone la creencia de que las cosas son resultado de causa y efecto. El proceso evolutivo y la decadencia entrópica siguen esquemas fijos, y todas las cosas acaban finalmente en una parada opresiva con la muerte del sol. La Banalidad es la cobertura húmeda del cosmos. En términos más inmediatos, impulsa a un padre hastiado a destruir la creencia de un niño en Santa Claus o el Conejo de Pascua. Fuerza a un estudiante de talento a dejar de lado sus sueños de convertirse en un gran escritor o músico en favor de la fuerza del trabajo porque sus consejeros le recomiendan tomar decisiones realistas sobre su futuro.

"Fragmento de Changeling: El Ensueño"

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