BAFICI 2013




ANIMALS: El nivel de desconcierto que produce en la ópera prima de Marçal Forés la aparición, en medio de un bosque de cuento, entre lógicos ciervos y ubicuas aves, de un oso de peluche que piensa y habla en perfecto inglés es monumental y setea la película de manera definitiva. Deerhoof se llama el osezno, y es el mejor amigo del protagonista de esta historia, un adolescente catalán llamado Pol. Deerhoof y Pol pasean por el bosque, conversan, tienen una banda de rock (¡el oso es baterista!) y se esconden de los demás: de los compañeros de Pol en el instituto británico en que estudia, de la chica que le gusta y especialmente de su hermano mayor, con quien convive y que se ha convertido en guardia civil. Tan lejos del descontrol de Ted como puede estarlo un film-con-peluche-parlante, Animals registra el cruce de fantasía y realidad con un naturalismo enrarecido; una calma luminosa y tensa bajo la que laten más misterios y tragedias que risas. Relato de iniciación, Animals habla de aquello que hay que sacrificar para crecer; de cuánto estamos dispuestos a ceder para ser como los otros quieran que seamos; de cuánto hay que sufrir para encontrar algo parecido a la felicidad. 






DÉJEUNER CHEZ GERTRUDE STEIN: La poetisa, y todo lo demás, Gertrude Stein invita a un hada a almorzar. El hada va. Y pasan un montón de cosas, como que el hada es del siglo XXI y Gertrude Stein está en París a principios del siglo XX. El tiempo se dobla, se pliega. También los espacios: las conexiones desde y hacia la casa y dentro de la casa no son las normales. Este es un mundo de fantasía, también en la narrativa, de Isabelle Prim. El hada no se viste siempre como un hada (¿cómo se visten las hadas?), las voces de los personajes no son las que se espera que tengan, el sexo que indica el nombre y la realidad histórica de un personaje no se condice con el actor que lo interpreta. Las apariencias no engañan. Es que lo que vemos y lo que oímos es múltiple, no se queda quieto. Esta película tampoco: luces diversas, músicas diversas, velocidades diversas, de la literatura al cine (de la novela corta Fairy Queen de Olivier Cadot), y del cine al juego. Eso, juego. Déjeuner chez Gertrude Stein es una muestra breve y compacta de imaginación a la hora de ponerse a jugar con el cine y sus elementos. 
EL DÍA TRAJO LA OSCURIDAD: Comienza así: una playa, un desfiladero, un bosque de pinos y una casa de piedra. En la casa, Virginia se despierta sobresaltada por una pesadilla, y en la pesadilla vemos a su prima Anabel con el rostro lívido y restos de sangre alrededor de sus labios. Siempre existe un instante de normalidad inmediatamente previo a la locura, pero en su película Martín Desalvo nos niega el acceso a él, no hay un solo plano que no transmita la sensación de un horror inminente, ya sea en los sueños recurrentes y premonitorios que Virginia sufre o en el desarrollo de esa trama principal en torno a un brote de rabia que parece asolar la zona. Y ese horror va poco a poco tomando forma e instalándose en la casa donde Virginia vive y en los alrededores, donde empiezan a aparecer cadáveres de animales en descomposición. Estilizada y turbadora, El día trajo la oscuridad pone en imágenes el sueño de cualquier amante exquisito del cine de género, un relato que bebe directamente de HP Lovecraft o Algernon Blackwood, pero que remite con igual devoción al Lucio Fulci de L’aldilà o al Andrej Tarkovsky de El espejo.  



JACK Y DIANE: Jack y Diane se encuentran, Jack y Diane se conocen, Jack y Diane se enamoran. Jack es una andrógina skater acostumbrada a la gran ciudad, Diane una bella y candorosa chica de pueblo. De algún modo, y más allá de compartir la anécdota de ser las dos mujeres, la pareja se adapta perfectamente al verso de John Cougar Mellecamp: Jack and Diane, two American kids doing the best they can. Sin embargo, a veces la vida es más mucho más enroscada que un hit ochentoso de los 40 principales. Digamos que Diane tiene una valija llena de secretos y de entre todos ellos el más perturbador es su mala costumbre de mutar en una bestia depredadora cuando el amor aparece con tal fuerza que no puede ponerle riendas.
Tras la conmovedora The Exploding Girl, Bradley Rust Gray se acerca al cine de género otorgando a su filmografía lo que en apariencia podría parecer un giro propio del funambulista más audaz. Sin embargo, la presencia en la producción de su habitual partenaire So Yong Kim, un casting que incluye nombres como Juno Temple o (atención) una gloriosa Kylie Minogue (olviden Holy Motors...) y los segmentos animados a cargo de los Hermanos Quay transforman este film en un must infalible para paladares exquisitos. 




LEONES: Cinco adolescentes deambulan perdidos en un bosque. Dan vueltas, como en una suerte de laberinto imaginario que ellos mismos parecen configurar y del que no sabemos si realmente quieren o pueden salir, mientras se entretienen con juegos de palabras. Los problemas se presentan en los ejes del tiempo y del espacio: estos últimos parecen repetirse, no hay idea de avance ni de rumbo, y el tiempo aparentemente no transcurre, nunca llega la noche. Isabel es la única del grupo que percibe algo extraño.
Para plasmar esta extraña percepción espacio-temporal, Jazmín López, con gran sensibilidad y con una propuesta radical, trabaja las imágenes de manera plástica y cinematográfica –a través de largos planos secuencia y un gran trabajo de steadycam–, tensando los límites del lenguaje y jugando con él de modo tal que logra trasladarnos el interrogante acerca de las formas posibles de representación.
El audio de una grabación y haber encontrado el auto en el que el grupo de amigos viajaba hacen posible que Isabel comprenda las circunstancias del accidente que los ha llevado a esa trágica realidad, tan cercana a lo fantástico. 



LUKAS THE STRANGE: El rodaje de una película puede generar todo tipo de situaciones fuera de lo común. En el caso del joven Lukas, no sólo el pueblo donde vive se ve alterado por la llegada de un equipo de filmación, sino que al mismo tiempo recibe la noticia de que puede llegar a ser hijo de un ser mitad hombre y mitad caballo. Y su padre desaparece sin la posibilidad de ratificar o rectificar ese rumor. Mientras a su alrededor todo va adquiriendo una extrañeza cada vez mayor, Lukas intentará, con la ayuda de una amiga, descubrir el misterio que lo vincula al mítico tikbalang.


John Torres recupera para la expresión “realismo mágico” las connotaciones positivas que García Marquez le quitó hace varios años, con una historia que mezcla voces en off que no se escuchan, improvisaciones actorales, desastres naturales y efectos especiales. La clásica historia de un adolescente que tiene que lidiar con su transformación en adulto, contada de una manera nada clásica y como sólo el talento de su director lo puede hacer, en uno de los mejores exponentes del nuevo cine filipino de los últimos años. 

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