Usas

Usas


«Veraz con los veraces, grande con los grandes, diosa con los dioses, adorable con los adorables», se mostraba desde lejos, erguida, «señal luminosa de lo inmortal», sutil, sobre un carro arrastrado por caballos rosa, cargado de honorarios rituales. Siempre maquillada con los mismos afeites, «como las mujeres que van a una cita», se bañaba de pie para dejarse ver, blanca reluciente sobre lo oscuro, zumbaba como una mosca alrededor de los hombres. ¿Por qué? Para despertarlos. Su capacidad para despertar a los hombres: esé era el «gran mérito» de Usas, su inasible revelación, como inasible eran los dones que recibía: sólo palabras, escandidas en metros. Nunca animales muertos o libaciones. Sólo palabras (...)

El despertar es la visión primera. Es la primera imagen que se adhiere a la mente y la colma de plenitud, de un sabor desconocido hasta entonces. Usas es quien acoge la pürváhüti,  «primer llamado» ritual, que es también el «primer pensamiento», pürvácitti. Se compite para ser los primeros en pensar en ella. El premio es ser los primeros en ser pensados por ella. Aqui la diosa es sujeto y objeto, cópula perenne (...)

Un día Usas se convirtió en Buddha (...) Si el Buddha es aquel que conduce al despertar, su antecedente védico fue la muchacha que avanzaba «como una niña sin hermano que va hacia los varones», visible desde lejos: Usas, la soberana del despertar. Bodhi, el «despertar», que fue la revelación de Buddha (y que los más tímidos traducen como «iluminación»), antes de ser sustantivo había sido un imperativo - «¡despierta!» - salido de los labios de Usas. Pero en Usas había una ambigüedad que encantaba y angustiaba a los hombres. El Buddha quiso anularla. Fue ésta, y no el despertar, la novedad de su doctrina. «Despertando», la palabra que designa el acto eminente de Usas, se dice de dos maneras, que se alternan continuamente en los himnos consagrados a ella: bodháyanti, jaráyanti. En jaráyanti se esconde además otro significado: «haciendo envejecer». Con el despertar, con aquello que da existencia se impone también el tiempo, que hace desaparecer. Aquello que da existencia es aquello que hace desaparecer, las dos potencias intangibles, que preceden a todas las otras, a las que regresan todas las otras, aparecían juntas, cada mañana, en la figura de aquella que es «la más bella de todas».

Roberto Calasso. "Ka".

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