¿Por qué existe el sexo?



Nada fascina tanto a la mente como la existencia del mundo externo, de algo que le es refractario y no le obedece. Viciada por su propia omnipotencia, por su propia capacidad de relacionar e identificar todo con todo, la mente quiso un obstáculo de tamaño no menor que el mundo, lo deseó. Acosarlo, penetrarlo: ése podría ser el desafío más exaltante y ambiguo (...)

¿Por qué existe el sexo? Al principio, nosotros no sabíamos ni lo que era. Nacidos-de-la-mente de Brahmã, habituados a la multiplicidad de imágenes precarias, nos quedamos desconcertados cuando Brahmã anunció que seríamos responsables de poner en marcha una nueva forma de creación (...) Pasaron algunos milenios. Nos habíamos convertido en maestros del placer. Un día que nos había llamado a reunión preguntamos a Brahmã: «¿Para qué sirve el placer?» Brahmã sonrió, ligeramente turbado, como cuando nos había convocado a la casa de Daksa. Respondió: «Para mantener el esmalte del mundo.» No preguntamos más, porque los dioses aman el secreto. Pero, mientras vagábamos, estas palabras daban vueltas en nuestro pensamiento. «El placer es el tapas de lo externo», dijo un día Vasistha, el más sabio de entre nosotros. «Es como si el mundo llevara puesta una capa, para no ensuciarse de polvo. Si el tapas nos impulsase siempre hacia atrás, hacia el lugar sin forma del que provenimos, el mundo se deterioraría con demasiada rapidez (...) Cada vez que cedemos, ayudamos a que el mundo recomponga su esmalte.»


Roberto calasso. "ka".

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