Orión


Existe un espigón en el cielo que es el Lugar del Cazador. Sirio y las Pléyades, Beltelgeuse y Aldebarán lo delimitan. Allí brilla Orión. Es la zona celeste entre Géminis y Tauro, en los bordes de la Vía Láctea. Los habitantes de lugares tan remotos como Grecia y las Guyanas también vieron allí el territorio de una caza, la pista de una carrera desesperada. Aquí y allá, a ambos lados de la pista, reconocían huesos brillantes y trozos de carne. Y un antílope o una muchacha que huían. O un hombre imponente, herido por una muchacha cazadora: Artemis. La flecha era disparada siempre desde el punto en el que está Sirio, y se clavaba siempre en Orión, también él un gran cazador, herido por error o por inescrutable cálculo.

Aldebarán, Beltelgeuse: Entre estos nombres encantadores se extiende el Lugar del Cazador. Una historia sangrienta y convulsa que se ha fijado en el cielo. Nos recuerda que nunca dejará de suceder. Pero en sus límites encontramos estos nombres que se abren en la mente, que abren la mente. Son la fragancia del sueño. Si en cada palabra se esconde el asesinato de la cosa, que espera desde siempre una reparación, en estos nombres emana una sustancia delicada y radiante, que buscaríamos en vano entre las cosas que existen. Quizas en ella se encuentra el indicio de una reparación.

Roberto Calasso. "ka"


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