Sobre la creación de la muerte: Mrtyu


«La ira que fluye de los orificios de tu cuerpo se aventa sobre el mundo, lo inflama, le chamusca la cabellera. Así el mundo vuelve a ser plano y árido. Pero siempre habitado por estos cortejos de hombres que no saben que hacer consigo mismos. ¿Por qué reducir la vida, que has inventado, a un estado tan miserable? Concede a los hombres la muerte. Y, ya que en nosotros todo se repite muchas veces, morirán más de una vez y vivirán más de una vez. Y dejarán de ser humillados por esta vida sin fin, que solo sirve para oprimir la tierra con su peso.» Esto dijo Siva a Brahmã, un día en que se imponía su aspecto benévolo.
Brahmã asintió torvamente. Los fuegos se retiraron del mundo. Hubo un momento de suspenso, como si todo hubiera dejado de respirar. Apareció entonces una muchacha morena, vestida de rojo, con grandes pendientes. Ambos dioses, acostados sobre la tierra, la miraban. Brahmã dijo: «Mrtyu, Muerte, ven aquí. Debes recorrer el mundo. Deberás matar a mis criaturas, tanto a los sabios como los ineptos. Sólo repetirás una regla: no harás ninguna excepción.» La muchacha miraba al dios, en silencio, mientras con los dedos atormentaba una guirnalda de loto. Después de un momento dijo: «Progenitor, ¿Por qué debo limitarme sólo a eso? Arderé sobre una perenne pira de lágrimas.» Brahmã contestó: «No tergiverses la realidad. Tu eres inmaculada y tu cuerpo es incorruptible. Ahora ve...» Muerte permaneció en silencio frente a Brahmã  mientras el desanimo hundía lentamente sus hombros.

Muerte era tozuda y no aceptó enseguida la orden de Brahmã. (...) Permaneció parada sobre un pie durante quince millones de años. Nadie reparaba en ella. Era uno de tantos que se retiraban allí. Mrtyu meditaba perpleja.
Brahmã la reclamó a su deber. Pero Muerte sólo cambió el pie sobre el que se apoyaba, y así continuó meditando durante otros veinte millones de años. Después  y durante otros tantos millones de años, vivió entre los animales selváticos, no comió más que aire, se sumergió en las aguas. Después  sobre el monte Meru, yació largamente como un tronco. Pasaron varios millones de años más. Un día Brahmã la visitó: «Hija mía ¿qué sucede? Que pasen unos pocos minutos o varios millones de años no cambia nada. Un día, inevitablemente, nos volveremos a encontrar. Entonces, te repetiré: "Haz lo que debes."»
Como si aquellos millones de años no hubieran pasado y sólo retomara tras una pausa el diálogo con su padre, Mrtyu dijo: «Temo infringir la ley.» «No temas», dijo Brahmã, «ningún juez será jamás tan imparcial como tú. Además, no debes llorar de la forma en que te he visto hacerlo. Tus lagrimas causarán llagas en los cuerpos que debes exterminar. Es mejor matar sin vacilar demasiado.» Entonces Muerte bajó la mirada y en silencio partió a recorrer el mundo. Intentaba mantener los ojos secos, como ulterior gesto de benevolencia hacia las criaturas que abatía. 


Roberto Calasso. "Ka".

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