La traición femenina


"Apolo fue el primero en matar monstruos; le siguieron Cadmo, Perseo, Belerofontes, Heracles, Jasón, Teseo. A la serie de los matadores de monstruos responde la serie de las traidoras: Hipermestra, Hipsípile, Medea, Ariadna, Antíope, Helena, Antígona. Estas mujeres no tienen un dios por antepasado, sino una sacerdotisa: Io, que traiciona a su diosa, Hera, en cuyo santuario vivía, «guardiana de las llaves». «Io nos muestra el despertar de la mujer del largo sueño de una infancia jamás turbada, de una felicidad inconsciente, pero perfecta, al amor torturador, que será para siempre la voluptuosidad y la pena al mismo tiempo que su vida. La divinidad de Zeus la ha deslumbrado.»

El gesto heroico de la mujer es la traición: su eficacia sobre los acontecimientos no es menor que la muerte de los monstruos. Abatido el monstruo, queda la impureza que persigue al héroe. Luego queda la fuerza de los despojos disecados, que el héroe utiliza como arma, en su propio beneficio. Heracles se cubre con la piel del león de Nemea, Perseo esgrime en la batalla el rostro petrificante de la Gorgona. Después queda el vacío y el rumor humano. El camino del istmo se hace transitable, se comercia, se componen poemas en los que se recuerda a los monstruos.

Puede que los efectos de la traición femenina sean más sutiles y menos inmediatos, pero no menos devastadores. Helena provoca una guerra que siega la estirpe entera de los héroes e inicia una época totalmente nueva, donde los héroes sólo serán recordados en el canto. Y, también como obra civilizadora, la traición femenina no es menos eficaz que la matanza de los monstruos. El monstruo es un antagonista vencido en un duelo; la traidora suprime, en la traición, su propio origen, aleja su propia vida de su contexto natural. Ariadna señala la ruina de Creta, donde ha nacido; Antíope muere combatiendo contra las Amazonas, sus propias súbditas que han acudido fielmente a salvarla; Helena conduce al ocaso a los héroes que ha amado; Medea abandona el país de la magia y llega, al final de sus aventuras, al país de la ley, Atenas; Antígona traiciona la ley de su ciudad por un gesto de piedad hacia un muerto que no pertenece a la ciudad. Al igual que una espiral, la traición femenina se envuelve sobre sí misma, reniega continuamente de lo que le ha sido dado. No es la negación que interviene en el choque frontal y mortal, sino la negación que es un lento escindirse de nosotros mismos, oponerse a nosotros mismos, anularnos en un juego que puede exaltar y destruir, y que generalmente exalta y destruye.

La muerte de los monstruos y la traición femenina son dos modos de actuar de la negación. El primero despeja un espacio, deja un vacío evocador allí donde había un lleno excesivo, atestado de cabezas y de tentáculos, un arabesco de escamas. La traición femenina no cambia los elementos del espacio, sino que los ordena de otro modo. Algunas piezas del tablero invierten su poder. El blanco ataca al negro. El negro ataca al negro. Es un efecto de confusión, y, sobre todo, de desconcierto. Los papeles se invierten por primera vez. Y siempre es una mujer quien los invierte. El héroe manifiesta una obtusidad que le obliga a seguir siempre una única pista. Por eso el héroe necesita un acabado, otro modo de la negación. La mujer traidora completa la obra del héroe: la lleva a su cumplimiento y la extingue. Eso sucede de acuerdo con el héroe. Forma parte de la obra civilizadora del héroe suprimirse a si mismo. Porque el héroe es monstruoso. Inmediatamente después de los monstruos, mueren los héroes."



Roberto Calasso, "Las bodas de Cadmo y Harmonía".

5 comentarios:

  1. No creo en las traiciones femeninas, sino en las traiciones masculinas con sus versiones perversas sobre las acciones de las mujeres

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    1. De que se quejan las mujeres si desde el comienzo de los tiempos han sido las artifices de las desgracias y a pesar de que los hombres son quienes participan y moldean los grandes conflictos, casi siempre habra una mujer que manipulara las mentes perversas de algunos hombres para su satisfago sin importar cuan pequeño sea el conflicto las mujeres maliciosas se encargaran de acrecentarlo, y los hombres debiles de criterio buscaran la manera de facilitarcelo en conclusion la culpa es compartida.

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  2. Amazónico su comentario, bien.

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  4. Las mujeres, hemos puesto las cosas en el lugar que deben estar, en una Era machista..pero se les acabo el cuento a los machistas, ahora empieza la Era de la integración del Femenino-masculino.

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