Me duele el otro


"(...)puesto que el otro sufre sin mí,¿por qué el otro sufre sin mi, ¿por qué sufrir en su lugar? Su infortunio lo lleva lejos de mí; no puedo más que perder el aliento si corro tras él, sin esperanza de alcanzarlo jamás, de entrar en coincidencia con él. Separémonos pues un poco, hagamos el aprendizaje desde cierta distancia. Que surja la palabra reprimida que aflora a los labios de todo sujeto , en cuanto sobrevive a la muerte del prójimo: ¡Vivamos!

Sufriré por lo tanto con el otro, pero sin exagerar, sin perderme. A esta conducta, a la vez muy afectiva y muy controlada, muy amorosa y muy pulcra, se le podría dar el nombre de delicadeza, es como la forma «sana» (civilizada, artística) de la compasión. (Até es la diosa del extravío pero Platón habla de la delicadeza de Até: su pie es alado, apenas toca el suelo.)"


Roland Barthes. "Fragmentos de un discurso amoroso". 1977

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