El niño y su madre


La función del padre sobre el deseo de la madre es necesaria para permitirle al niño un acceso normalizado a su posición sexuada, es necesario que para la madre el niño no sature la falta en que se sostiene su deseo, es decir que mas allá de los cuidados y del lazo amoroso con el niño, no deje de desear como mujer; "que el niño no lo sea todo para la madre". El no-todo de la maternidad permite que el deseo de la madre diverja y sea llamado por un hombre.
Así la pureza que se le adjudica a la madre, el "todo amor" en relación a un hijo, la idea de que todo lo colma, se problematiza desde esta perspectiva.

Medea como muestra de esta división del deseo que en el extremo la conduce al asesinato de los hijos, como venganza al ser abandonada por su esposo, demostrando que el amor materno no se basa solo en someterse a la ley del deseo, sino que se sostiene en ella en tanto un hombre haga de ella causa de su deseo, es así que cuando Jasón se va, Medea deja de estar en esa posición.

El niño aparece en su versión colmadora y sin embargo el lugar del niño es el de dividir a la madre, es causa de una división entre madre y mujer.
Es esencial, para el niño, que la madre desee mas allá de él. La función feliz de la paternidad es la de humanizar el deseo mediando entre las exigencias abstractas del orden, el deseo anónimo del discurso universal, y, por otra parte, lo que se deriva para el niño de lo particular del deseo de la madre.

Texto modificado de Inés Sotelo: La urgencia en la maternidad. Perspectivas de la clínica de la urgencia. Gramma Ediciones. 2009

Imagen: Eugène Delacroix: "Medea". 1862

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