Edipo sin Yocasta

Con "Dos hermanos" (2010) Daniel Burman logra una reelaboración del mito de "Edipo Rey" de una manera exquisita. Una edición totalmente argentina. En este film, Yocasta (la madre) está ausente. Si bien el Edipo (pensando en Freud) podría decirse, de manera simple, se basa en el amor hacia la madre y el odio hacia el padre. En la película seremos testigos del después. El después de la madre, la muerte de Yocasta (Neneca). Tendremos que ver como hacen dos hermanos argentinos para arreglárselas con la muerte de la madre de la cual (y por la cual) estaban muy apegados. El Edipo porteño, Marcos, deberá reorganizar (organizar) su vida como ser por fuera de lo materno junto a su hermana Susana, quien también deberá elaborar el duelo por su relación de amor-odio hacia la madre. La envidia femenina se encarna totalmente en este personaje.

El personaje de Gasalla apegado e identificado a su madre, confrontado a la ausencia de esta, y con ello, a su propia falta, lograra a través de la elaboración de su perdida (y la propia, la del ser para con la madre) ir consiguiendo una salida exogámica homosexual (que se había venido procrastinando con los años de compañía de su madre), su hermana deberá elaborar su velo imaginario de mentira, estafa y adornos de oro de fantasía cuya función con odio no es otra más que la de suplir aquello que no obtuvo de su madre. Ambos deberán aceptar la castración, la ausencia en ese Otro que es la madre. Aceptar la falta, la propia, clavarse una aguja en los ojos, para al menos conseguir como bien dice Marcos en su personaje de mensajero, actuar y ser uno al menos unos segundos en la vida, luego Edipo es quien sigue la obra... Quizás ahora, intermitentemente.

Las actuaciones de Antonio Gasalla y de Graciela Borges son deliciosas, la interpretación del vínculo entre estos dos hermanos es sublime. La película consigue un lenguaje excelente, las imágenes hablan por si solas y la expresión metafórica nunca pierde lugar. La escena donde Marcos interpreta el personaje del mensajero, diciendo sus líneas frente a Susana sentada, adornada, en el palco del teatro es genial. "Arrancó los dorados broches de su vestido con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó con ellos las cuencas de los ojos, al tiempo que decía cosas como éstas: que no lo verían a él, ni los males que había padecido, ni los horrores que había cometido, sino que estarían en la oscuridad el resto del tiempo para no ver a los que no debía [...]”

Un muy buen drama, con mucho de comedia, que a mi parecer se convierte en un nuevo mito argentino en el cine.

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