La cabeza de Medusa

No hemos intentado con frecuencia la interpretación de productos mitológicos singulares. Es palmaria en el caso de la horripilante cabeza decapitada de Medusa.

Decapitar = castrar. El terror a la Medusa es entonces un terror a la castración, terror asociado a una visión. Por innumerables análisis conocemos su ocasión: se presenta cuando el muchacho que hasta entonces no había creído en la amenaza ve un genital femenino. Probablemente el de una mujer adulta, rodeado por vello; en el fondo, el de la madre.

Si el arte figura tan a menudo los cabellos de la cabeza de Medusa como serpientes, también estas provienen del complejo de castración y, cosa notable, por terrorífico que sea su efecto en sí mismas, en verdad contribuyen a mitigar el horror, pues sustituyen al pene, cuya falta es la causa del horror. Aquí se corrobora una regla técnica: la multiplicación de los símbolos del pene significa castración.

La visión de la cabeza de Medusa petrifica de horror, trasforma en piedra a quien la mira. ¡El mismo origen en el complejo de castración y el mismo cambio del afecto! El petrificarse significa la erección, y en la situación originaria es, por tanto, el consuelo del que mira. Es que él posee, no obstante, un pene, y se lo asegura por su petrificación.

Atenea, la diosa virgen, lleva en su vestido este símbolo del horror. Y con justicia, pues eso la hace una mujer inabordable, que rechaza toda concupiscencia sexual. Deja ver, en efecto, los terroríficos genitales de la madre. A los griegos, en su generalidad fuertemente homosexuales, no podía faltarles la figuración de la mujer que aterroriza por su castración.

Si la cabeza de Medusa sustituye la figuración del genital femenino, y más bien aísla su efecto excitador de horror de su efecto excitador de lubricidad, puede recordarse que enseñar los genitales es conocido como acción apotropaica. Lo que excita horror en uno mismo provocará igual efecto en el enemigo con quien se lucha. Todavía en Rabelais el diablo emprende la huida después que la mujer le enseñó su vulva.

También el miembro masculino erecto sirve para provocar un efecto apotropaico, pero en virtud de otro mecanismo. Enseñar el pene -y todos sus subrogados- quiere decir: «No tengo miedo de ti, yo te desafío, tengo un pene». Por eso es otro modo de amedrentar al Espíritu Malo.

Ahora bien, para sustentar seriamente esta interpretación se debería perseguir por separado la génesis de este símbolo del horror en la mitología de los griegos y sus paralelos en otras mitologías.

SIGMUND FREUD


SIGMUND FREUD: "OBRAS COMPLETAS DE SIGMUND FREUD". STANDAR EDITION.ORDENAMIENTO DE JAMES STRACHEY. VOLUMEN 18.

1 comentario:

  1. Las gárgonas son personajes de la mitoplogía griega que me han llamado siempre la atención. LA historia de una hermosa mujer que fue decapitada por el héroe Perseo y como su sangre "pario" otros seres fantásticos, el gigante Crisaorel y el famoso y bello caballo alado Pegaso.
    Este análisis es la guinda de tan atrayente mito

    Muy buen post.

    Un saludo, Mdss

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