Agelastos petra y el cine kykeon

POR HERNÁN SILVOSA, DE PLANOCENITAL

Hubo un tiempo en el que reinaba la primavera eterna. No existía el frío ni la nieve. Las flores resplandecían día tras día y los campos se cubrían siempre de verde. No se conocían las heladas ni el hambre. El invierno, aún, no existía sobre la Tierra.

La responsable de estas maravillas era Deméter, la diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad. Su hermosa hija, Perséfone, no se cansaba de jugar sobre los prados ni de disfrutar de toda la belleza que su madre hacía nacer en la infinita naturaleza. Pero un día como tantos otros, Hades, el dios de los muertos, pasó por el lugar y sus ojos se encandilaron con la belleza de Perséfone. Sin dudarlo, decidió raptarla y llevársela hacia el Tártaro, la tierra del inframundo, para convertirla en su esposa y amarla sin restricciones. Deméter se desesperó por la desaparición de su hija y se vio envuelta en una profunda tristeza. Los campos se helaron por el frío, las cosechas se echaron a perder y las flores se marchitaron. Era el primer invierno de la historia.

Tras varios meses buscando a su hija, Deméter se sentó sobre una roca (la “agelastos petra”, algo así como “roca triste” o “roca sin risa”) y lloró durante 9 días seguidos por la ausencia de su hija. Sobre esta roca se fundó la ciudad de Eleusis, donde se construiría el santuario más importante dedicado a la diosa.

En esta ciudad, a unos 20 kilómetros de Atenas, se celebraban anualmente los llamados misterios eleusinos, unos rituales que celebraban la vuelta de Perséfone junto a su madre y, a la vez, el tan satisfactorio regreso de la primavera. Pero Perséfone no podía permanecer mucho tiempo en el mundo de los vivos (había comido unas semillas en la tierra de los muertos y eso se lo impedía) y por lo tanto debía regresar con Hades una vez por año y permanecer durante varios meses en el Tártaro, provocando la sucesiva tristeza en el corazón de su madre y, en la Tierra, los repetidos inviernos.

Luego de una preparación de varios meses de ceremonias menores, una importante peregrinación partía de Atenas hacia Eleusis para comenzar los ritos de iniciación definitivos, bajo la estricta promesa de no ser divulgados. Lo que sucedía durante esos días, que muchos describían como un verdadero diálogo de revelación y éxtasis entre los hombres y los dioses, debía permanecer en secreto. “Los iniciados debían sufrir, sentir, experimentar ciertas emociones y estados de ánimo; no estaban allí para aprender nada”, dijo alguna vez Aristóteles.

Lo cierto es que más de veinte siglos después, algunas teorías apoyan la idea de que el verdadero protagonista de estos rituales no era otro que el kykeon, una bebida que utilizaba cebada supuestamente contaminada por el cornezuelo, un hongo que parasita pastos y cereales y cuyas sustancias psicoactivas, precursoras del LSD del siglo veinte, eran las responsables de las intensas experiencias físicas y mentales de quienes participaban en los famosos misterios eleusinos.

Agelastos petra, además de ser el nombre de la roca sobre la que lloró Deméter durante 9 días por el rapto de su hija, es el título de un sorprendente documental griego del año 2000 que registra, durante un período de 10 años, la agonía de las ruinas de la ciudad y la batalla diaria que, en la actualidad, mantienen algunos pocos con el fin de resguardar los tesoros arqueológicos de la arremetida impiadosa del hombre moderno y sus máquinas.

Algunos lugareños afirman que el kykeon, después de tantos siglos, ha tomado otras formas. Que el resultado de su ingesta ya no es el mismo que antaño y que ha reemplazado, arriesgan los más escépticos, la revelación mística de sus imágenes sagradas por cercanías tangibles de utilidades pragmáticas. Quiero creer, personalmente, que algo del kykeon permanece vivo en las imágenes de ciertas películas. Algo así como un cine kykeon. Al menos en cuanto a su poder de revelación y maravillosa conciencia. Porque si algo demuestra el siguiente fragmento de Agelastos petra es simplemente eso: revelación, arte y pura conciencia.

PUBLICADO EN ENERO DEL 2008 EN WWW.PLANOCENITAL.COM.AR

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