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Tené en cuenta los acentos!!

07 abril 2014

Eres noche




La oscuridad se cierne sobre ti de la misma forma en que lo hace el texto, trillado y de forma repetida, se cierne una vez más.
El haz que te ilumina se constriñe abrazado por la serpiente de tinieblas. Pronto es solo brillo pálido sobre piel y no una fortaleza que guarece.
Débilmente la luz se esconde como una semilla en la carne.
La oscuridad se cierne, si, otra vez.
Eres Noche y tu imagen se torna un seductor vacío, raíz oscura de una siembra oculta. 

01 abril 2014

Sobre el monstruoso insecto




"Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto (...) «¿Qué me ha ocurrido?», pensó (...) No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas."

Kafka. La metamorfosis.

21 marzo 2014

Arte poética





Mirar el río hecho de tiempo y agua 
y recordar que el tiempo es otro río, 
saber que nos perdemos como el río 
y que los rostros pasan como el agua. 

Sentir que la vigilia es otro sueño 
que sueña no soñar y que la muerte 
que teme nuestra carne es esa muerte 
de cada noche, que se llama sueño. 

Ver en el día o en el año un símbolo 
de los días del hombre y de sus años, 
convertir el ultraje de los años 
en una música, un rumor y un símbolo, 

ver en la muerte el sueño, en el ocaso 
un triste oro, tal es la poesía 
que es inmortal y pobre. La poesía 
vuelve como la aurora y el ocaso. 

A veces en las tardes una cara 
nos mira desde el fondo de un espejo; 
el arte debe ser como ese espejo 
que nos revela nuestra propia cara. 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios, 
lloró de amor al divisar su Itaca 
verde y humilde. El arte es esa Itaca 
de verde eternidad, no de prodigios. 

También es como el río interminable 
que pasa y queda y es cristal de un mismo 
Heráclito inconstante, que es el mismo 
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges

19 marzo 2014

El marino



Puedo cantar 
mi propia historia, 
hablar de mis viajes, 
y como a menudo he sufrido 
tiempos de dura navegación 
 y días de mucho afán; 
Amargas carencias 
a menudo en muchos puertos, 
Y a menudo he aprendido 
que difícil morada 
es un barco en una tormenta, 
cuando llegaba mi turno 
en la ardua noche de vigía 
a la proa del navío 
viendo pasar los acantilados. 
A menudo estuvieron mis pies 
aprisionados por el hielo 
en helados calzados, 
Torturado por el frío, 
dominado por la angustia 
Acongojado mi corazón, 
anhelando una ayuda 
Mi cansada mente de marino... 
...Y todavía una vez más 
La sangre en mi corazón 
otra vez más me empuja a intentarlo 
juegan las saladas olas; 
El mar parecen montañas,
me urge nuevamente 
El impulso de mi corazón 
visitar lejanas tierras 
A emprender un nuevo viaje, 
en mares muy distantes... 
Conocer a otras gentes.

Libro de Exter.

12 marzo 2014

Deseo



"Incluso antes de respirar, los hombres desearon. Pero ¿que es el deseo? No hay nada frente a los ojos, detrás de los ojos algo que arde: una imagen, unas pocas palabras que se repiten, obsesivamente, o una sola. El mundo es un desierto; ¿cómo hacer para que aquello que está detrás de los ojos se convierta en algo que esta adelante? Existía la acción. El acto que modifica. ¿Pero la acción, el acto, pertenece a quien lo realiza? Si es así, realizarla una vez significaba realizarla siempre. Si no pertenecen, toda acción que pretenda evocar al objeto será aleatoria. El objeto puede aparecer, como el animal que uno puede encontrar en un bosque. Esto es exactamente lo que sucede. Surge entonces la sospecha de que los actos no pertenecen a quien los realiza. En ese caso, ¿qué es lo que pertenece a quien actúa? Dónde comienza el acto, dónde se acaba lo que pertenece a quien actúa? Existía el riesgo de que todo se desintegrara, de que incluso la mente deseante dudara de pertenecer a sí misma: ¿acaso el mismo deseo no se parece a un acto?  ¿no es el deseo algo que aparece y tiene una forma, un impulso propio, un movimiento? Entonces, sí había una semejanza, quizás de uno se podía pasar a otro, y de éste, nuevamente a través de la semejanza, al objeto deseado. ¿Cuál era el carácter del objeto deseado? Un lugar, un ser, un estado, una sustancia: algo singular, inconfundible. algo irreversible. Algo que cuando aparece, debe pertenecer de una vez y para siempre a aquello que es. Pero, ¿dónde encontrar un acto que posea estas características? Quien beba agua repetirá siempre el mismo acto al beber agua. El acto no tiene nada de irremplazable o irreversible. Se puede repetir cada vez que se encuentre agua corriente. A menos que exista una diferencia radical entre esa agua en particular y otra cualquiera. Pero nadie fue tan lejos. Nos preguntábamos, más bien, que acto podía tener un carácter único e irreversible, y vinculado con algo que hiciera su aparición. Fue quizás esto, que es lo más importante, lo que sugirió la vía a seguir. No era posible hacer que algo apareciera. ¿Pero hacer que desapareciera? Existe también esta semejanza por contraste. Así fue como nos hicimos esta pregunta, que parecía un acertijo: ¿Cuál es el acto único, irreversible, que al mismo tiempo evoca lo que es único e irreversible? Un día alguien encontró la respuesta: hacer desaparecer. Pero debíamos reconocer que hacer desaparecer entre los hombres es otra manera de "matar". Quizás por eso un leve halo de tristeza rodea a todo deseo cumplido.
En la región informe, indefinida y vana de los actos habíamos encontrado uno, uno solo, aquel que correspondía por sus características al objeto del deseo. Depositamos entonces nuestra serena confianza en esto: que aquel objeto que pudiese ser el último eslabón de la cadena de ese acto determinado. El eslabón en el que, a lo que había desaparecido, responda en otro punto de la cadena algo que surge: el fruto. Eso era el sacrificio. Al principio, entre nosotros, lo llamamos la rueda de los deseos. Esa rueda es también el dolor del que el deseo no puede deshacerse."

Roberto calasso, Ka.